Con One-Eyed Likho, el estudio ruso Morteshka (responsable del aclamado Black Book) vuelve a sumergirnos en los oscuros pliegues del folclore eslavo. El título Likho es una inquietante aventura de terror en primera persona que nos sumerge en un mundo sombrío inspirado en antiguos cuentos de hadas eslavos del siglo XIX, concretamente en la figura de Likho, una criatura tuerta que encarna la desgracia y el mal. A lo largo del juego, el jugador deberá explorar escenarios cargados de simbolismo y misterio, avanzar en una historia centrada en la narrativa, resolver acertijos usando fuego y cerillas como mecánicas clave, y desentrañar secretos para escapar de un destino trágico. Todo ello ambientado en un universo visualmente único, representado en una hipnótica escala de grises que acentúa su atmósfera oscura y folclórica.

El núcleo jugable es sencillo, avanzamos por escenarios lineales, desbloqueando caminos mediante pequeñas exploraciones y rompecabezas ambientales que rara vez exigen un esfuerzo real. La interacción gira en torno a un objeto clave: una caja de cerillos que no se agota. Este elemento no solo ilumina brevemente nuestra ruta, sino que también permite quemar obstáculos, revelar secretos ocultos o activar mecanismos. La luz, en este contexto, es más que una herramienta: es una declaración de resistencia contra el olvido, un acto simbólico de claridad en medio del caos. En ciertos tramos, el propio Likho entra en escena, acechando con su inquietante presencia. Pero lejos de ser un survival, estas secuencias de sigilo son breves y poco exigentes. No buscan sobresaltos ni terror visceral, sino una tensión sutil, atmosférica, construida a través de susurros en la penumbra, sombras fugaces o el eco de pasos en la distancia. Es un miedo que no grita: susurra, incomoda y se queda flotando incluso cuando todo parece en calma.

A lo largo del viaje, también encontraremos cofres cerrados con combinaciones numéricas que contienen páginas de cuentos olvidados y objetos coleccionables como las misteriosas figuras que solo revelan su secreto al contacto con el fuego. Estos elementos enriquecen la mitología del juego, aunque muchas veces lo hacen de forma fragmentada, obligando al jugador a conectar piezas dispersas para comprender el trasfondo completo. Narrativamente, One-Eyed Likho apuesta por la sugerencia más que por la exposición. Sus protagonistas encarnan arquetipos clásicos que sirven a una historia que se intuye más que se relata.
El problema es que esta elección estilística, aunque coherente con la ambientación, puede dejar fuera a quienes no estén familiarizados con el folklore eslavo. En sus aproximadamente cinco horas de duración, el juego ofrece más de una conclusión, incentivando una segunda partida para descubrir todos los matices posibles del relato. Sin embargo, es justo decir que esta rejugabilidad es limitada, ya que los cambios afectan más al tono del cierre que a la estructura general.
The Review
One-Eyed Likho
One-Eyed Likho no es un juego para todos. Su belleza estética y su atmósfera densa seducen con facilidad, pero detrás de su máscara hipnótica hay un título más contemplativo que interactivo. No busca deslumbrar con mecánicas complejas ni sobresaltar con terror explícito: su apuesta es emocional, artística y profundamente simbólica. Es una obra que se vive más que se juega, y que puede resultar tanto inolvidable como desconcertante, según lo que cada jugador espere del viaje. Para quienes disfrutan de los cuentos oscuros y las experiencias sensoriales con alma de grabado antiguo, esta es una joya independiente que merece ser descubierta con calma y una cerilla encendida.
