Shantae Advance: Risky Revolution es un caso curioso dentro de la industria. Originalmente concebido a inicios de los 2000 como la secuela directa del primer Shantae en Game Boy Color, el proyecto para Game Boy Advance llegó a estar completado en un 70%. Sin embargo, la falta de un editor provocó su cancelación, obligando a WayForward a poner la serie en pausa. Años después, la saga resurgiría en Nintendo DSi, encontrando una base de fans que con el tiempo la llevaría a consolidarse en prácticamente todas las plataformas modernas. Casi veinte años más tarde, WayForward se asoció con Limited Run Games para rescatar aquel prototipo inacabado y lanzarlo finalmente en cartucho para GBA. El resultado no quedó ahí: ahora, Risky Revolution llega también en formato digital a consolas y PC, con dos modalidades distintas: un modo clásico, fiel al hardware original, y una versión modernizada con interfaz y retratos en alta definición.

Lo interesante es que este no es exactamente el juego que habría salido en 2004. Aunque gran parte de su contenido proviene de ese desarrollo perdido, la WayForward de hoy no es la misma que la de hace dos décadas. El resultado es una mezcla peculiar: niveles, mecánicas y diseños que remiten a la época del GBA, combinados con elementos más actuales, referencias a títulos posteriores e incluso mejoras que no existían en aquel entonces. Esta dualidad se siente aún más en la versión moderna: la HUD en HD y los retratos contrastan con los sprites pixelados, generando cierta disonancia visual. Por ello, muchos jugadores pueden inclinarse por el modo clásico, que mantiene la cohesión estética del original.

En cuanto a historia, Shantae y sus amigos deben detener a la pirata Risky Boots, que ha ideado un plan tan absurdo como ingenioso: manipular placas tectónicas para desplazar islas enteras y facilitar sus saqueos. Esto da pie a escenarios revueltos, con biomas y estructuras alteradas, que convierten la exploración en el eje central de la experiencia. La fórmula recuerda a títulos como Demon’s Crest o Castlevania II: Simon’s Quest. Aunque se podría etiquetar como un Metroidvania ligero, en realidad se organiza en mapas más contenidos que requieren volver con nuevas habilidades para desbloquear caminos y recolectar objetos. No es un juego extenso: una partida inicial puede completarse en unas 7 horas con más del 90% de progreso, lo que lo hace ideal para sesiones rápidas y sin presión. Como es tradición en la saga, las habilidades de Shantae provienen de sus transformaciones en animales mediante sus icónicas danzas.
Cada criatura añade una mecánica distinta: el cangrejo permite explorar zonas submarinas, el mono escalar paredes, y así hasta seis formas distintas que enriquecen la exploración y abren nuevas rutas. La progresión resulta satisfactoria, siempre con esa sensación de ahora sí puedo llegar allí. Si algo distingue a Shantae es su tono humorístico: diálogos que oscilan entre lo absurdo y lo ingenioso, gags visuales y personajes entrañables. La protagonista brilla con animaciones llenas de carisma, y más de una escena logra sacar una carcajada genuina. Risky Revolution no busca ser un reto intenso, sino más bien un juego de confort, ligero y accesible. No todo es perfecto: la ausencia de un minimapa puede desorientar en la exploración, y algunas batallas contra jefes se extienden más de lo necesario debido a patrones repetitivos. Pese a ello, el ritmo general es ameno y la experiencia, en su conjunto, deja un sabor muy positivo.
The Review
Shantae Advance: Risky Revolution
Shantae Advance: Risky Revolution es tanto un hallazgo arqueológico como una entrega inédita. Una carta de amor a la historia de la saga que combina nostalgia y modernidad, ofreciendo una aventura corta pero llena de encanto, ideal para fans veteranos y para quienes quieran descubrir por qué esta medio-génie se ha ganado un lugar tan especial en el corazón de los jugadores.
