La primera novedad que llama la atención en Borderlands 4 es su nuevo escenario: la lejana y peligrosa planeta Kairos. Aunque el entorno es nuevo, los problemas son los de siempre: líderes maniáticos, bandas de criaturas salvajes, psicópatas más impredecibles que nunca, habitantes comunes que se levantan contra la opresión, antiguos Vaults y los cazadores que buscan en ellos riqueza y gloria y, por supuesto, Claptrap haciendo de las suyas. Si hablamos de historia, no esperen una narrativa premiada: comparado con entregas anteriores, el guion cumple de manera funcional, con la clásica estructura de “derrota a varios subordinados, enfrenta al gran jefe y salva el día.

Como en otras entregas, los protagonistas son cuatro héroes opcionales. Los arquetipos clásicos de Sirena y Soldado regresan en Vex y Rafa, mientras que se suman nuevas caras como Amon, que empuña un enorme martillo y escudo, y Harlowe, experta en explosivos. Cada personaje cuenta con tres árboles de habilidades y la posibilidad de combinar clases, ofreciendo libertad prácticamente ilimitada para construir tu propio estilo de juego. Por ejemplo, con Vex podemos invocar una sombra felina llamada Trouble, crear clones o transformarnos en una letal reina alada que lanza devastadores ataques eldritch. Además, las habilidades interactúan con el tipo de arma que llevas, añadiendo un componente estratégico según el enemigo y su resistencia elemental. La personalización no termina ahí: desde el aspecto de los personajes hasta sus armas y vehículos, todo puede adaptarse para que tu héroe sea único.

Una de las mayores diferencias respecto a entregas anteriores es la estructura del mundo. Tras un breve tutorial, la totalidad del mapa queda abierta, permitiendo abordar la historia desde cualquier punto y participar en un sinfín de actividades secundarias: misiones adicionales, contratos, recolección de objetos escondidos o desbloqueo de estaciones de viaje rápido. Dada la extensión del mundo, estas funciones son esenciales, y se suman herramientas como la habilidad de volar o la invocación de una motocicleta al estilo Destiny. Sin embargo, esta libertad también expone algunos problemas. La amplitud del mapa a veces se siente vacía y algunas regiones, como los desiertos o montañas nevadas, carecen del detalle que sí se aprecia en los primeros bosques. Aun así, la promesa de futuros DLC deja abierta la esperanza de explorar la creatividad de los desarrolladores en estas zonas. Si algo define a Borderlands, son sus combates, y esta entrega no decepciona. Con más de un millón de combinaciones de armas posibles, desde pistolas y rifles hasta lanzacohetes y granadas, cada fabricante aporta características únicas, y ahora incluso es posible mezclar partes de distintos fabricantes.

Combinando habilidades y equipo, los daños alcanzan cifras estratosféricas, permitiendo arrasar con enemigos en segundos. El sistema de curación y granadas se ha modificado a cooldowns, con opciones personalizables: curación instantánea o prolongada, granadas que se transforman en otras al impactar… la elección es tuya. Los enemigos van desde bandidos clásicos, grandes y pequeños, hasta los nuevos miembros de la Orden, robots genéricos con sangre amarilla. Para quienes prefieren evitar el gore, existe la opción de censurarlo. Los enfrentamientos con jefes, tanto en la historia como en los Vaults, destacan por sus mecánicas únicas, inspiradas a veces en raids de Destiny, y permiten reaparecer para farmear armas o experiencia. Sin duda, estos combates son la joya de la corona de Borderlands 4.
En consolas como la PS5 Pro, Borderlands 4 ofrece modos de calidad a 30 fps y de rendimiento cercano a 60 fps, aunque con caídas ocasionales. Las texturas tardan en cargar y el aliasing es evidente, además de que las cinemáticas están bloqueadas a 30 fps. Aun así, la implementación de crossplay permite jugar con amigos en distintas plataformas, una ventaja importante para quienes buscan partidas cooperativas.
The Review
Borderlands 4
Borderlands 4 mantiene la fórmula de la saga: acción desenfrenada, exploración de un mundo abierto y un arsenal prácticamente infinito. Su historia es funcional, el mundo amplio pero desigual, y el combate sigue siendo la estrella. Para los fanáticos de disparos, caos y personalización, es una experiencia que vale la pena vivir.
