Han pasado casi diez años desde el lanzamiento del primer Little Nightmares, aquella pequeña joya de terror que logró colarse en el corazón de miles de jugadores gracias a su atmósfera inquietante y a su manera tan peculiar de reinterpretar los miedos infantiles. Su éxito convirtió lo que parecía un experimento en todo un fenómeno, dando vida a una saga que con el tiempo se consolidó como un referente dentro del género. Tras un excelente segundo capítulo y la salida de Tarsier Studios, el relevo quedó en manos de Supermassive Games, quienes asumieron el reto de mantener viva la esencia de la serie con Little Nightmares 3. El resultado es una nueva pesadilla cooperativa que, si bien conserva parte del encanto original, también deja algunos matices que impiden que la magia brille con la misma intensidad de antes.

Esta tercera entrega nos pone en la piel de Low y Alone, dos pequeños atrapados en una espiral de pesadillas que los lleva a recorrer cuatro biomas retorcidos y perturbadores. Cada escenario está lleno de peligros grotescos, acertijos ambientales y criaturas que parecen salidas de un mal sueño. Terminar la aventura lleva unas cuatro horas, una duración similar a la de sus predecesores, pero que vuelve a despertar el debate sobre su relación entre precio y contenido, considerando su limitado potencial de rejugabilidad.
El juego basa su experiencia en la resolución de puzzles, el sigilo y la tensión atmosférica. No hay combates frecuentes, aunque en esta ocasión se introducen algunas secuencias donde es posible enfrentarse directamente a los enemigos. Estos momentos, sin embargo, son algo torpes y punitivos, sin llegar a ser el punto fuerte de la propuesta. Aun así, ayudan a romper el ritmo y aportan variedad sin sacrificar la esencia sombría que caracteriza a la saga.

La gran novedad de Little Nightmares 3 es su modo cooperativo, pensado para ser jugado junto a un amigo, ya sea en local o en línea. Y es precisamente aquí donde el juego demuestra su mejor cara. Resolver acertijos con ayuda de otro jugador, coordinar acciones para abrir puertas o alcanzar zonas lejanas, o simplemente reírse después de un fallo tonto, hace que la experiencia cobre un tono más humano y memorable.
Cada protagonista tiene habilidades únicas: Low empuña una gran llave inglesa, mientras que Alone usa un arco con flechas. Este contraste no solo da variedad a las mecánicas, sino que también refuerza la idea de cooperación: uno rompe obstáculos, el otro activa mecanismos a distancia, y juntos avanzan en medio de un mundo que parece empeñado en devorarlos.

Jugar en solitario sigue siendo posible, con la IA controlando al segundo personaje. Sin embargo, la experiencia pierde buena parte de su encanto. El compañero controlado por el juego resuelve los acertijos con demasiada eficacia, reduciendo el desafío y acortando considerablemente la duración. Little Nightmares 3 fue claramente diseñado para disfrutarse en compañía, porque, al final del día, los horrores se sobrellevan mejor cuando no estás solo.
El sello visual sigue siendo una de las mayores fortalezas de la saga. Little Nightmares 3 mantiene ese estilo artístico deformado y perturbador, con escenarios que parecen salidos de una pesadilla ilustrada. Algunos de ellos, como el Carnaval, son especialmente impactantes, cargados de detalles siniestros que invitan tanto a la fascinación como al rechazo. No todos los niveles alcanzan la misma calidad, y en ciertos momentos se percibe un ligero desgaste en las ideas, pero el conjunto sigue ofreciendo una experiencia visualmente poderosa. Lo ideal es no apresurarse: recorrer cada rincón con calma permite descubrir referencias, secretos y pequeños horrores que enriquecen la aventura.
The Review
Little Nightmares 3
Little Nightmares 3 no busca reinventar su fórmula, sino reinterpretarla desde una nueva perspectiva: la del compañerismo frente al miedo. Supermassive Games logra transmitir la sensación de estar atrapado en un mundo que se desmorona, pero donde la conexión entre dos almas rotas se convierte en el verdadero motor de la historia. Aunque su duración corta y algunos altibajos en el ritmo le impiden alcanzar la grandeza de los primeros capítulos, el juego sigue siendo un viaje tenso, emocional y visualmente impactante. Más que un simple horror de plataformas, es una experiencia que combina la fragilidad humana con la necesidad de confiar en alguien, incluso cuando todo alrededor parece perdido.
