Tras el éxito de Psychonauts 2, la vuelta de Double Fine Productions generaba gran expectación. Por eso, el anuncio de Keeper, un puzzle adventure aparentemente modesto, sorprendió a todos. Sin embargo, subestimarlo sería un error. No se trata del próximo gran proyecto de Tim Schafer, sino de una obra más íntima, creada por un equipo interno liderado por Lee Petty, ex director artístico de Brütal Legend. El inicio del juego es fascinante: controlamos un faro con patas mecánicas que se mueve como un arácnido. La historia comienza cuando un pequeño pájaro llamado Ramoscello se posa sobre él para escapar de una tormenta de oscuridad. Desde ese momento, se convierten en compañeros inseparables, avanzando por un mundo que se hunde lentamente en la penumbra. Nuestro objetivo es iluminar el camino y descubrir qué ocurre en esta tierra desolada.

La narrativa es uno de los aspectos más únicos de Keeper: completamente ambiental y silenciosa. No hay diálogos ni textos explicativos; todo se comunica mediante imágenes, sonidos y atmósferas melancólicas. Como en ciertos juegos de Giant Squid, la interpretación queda en manos del jugador, fomentando la exploración y la observación de cada detalle. Además, los logros del juego no son simples trofeos: están ligados a coleccionables ocultos que revelan fragmentos de la historia y la mitología del mundo, incentivando a explorar cada rincón. Donde Keeper brilla indiscutiblemente es en su apartado artístico. Con Unreal Engine, Double Fine ha creado paisajes variados y espectaculares: cada escena parece un cuadro digital, especialmente en pantallas OLED, donde el contraste entre la luz del faro y la oscuridad circundante es impresionante. Desde ruinas de antiguas civilizaciones hasta bosques bioluminiscentes, la dirección artística es meticulosa, y la banda sonora acompaña con delicadeza, amplificando la sensación de soledad y maravilla.

No obstante, la excelencia visual no se acompaña de la misma pulcritud técnica. El mayor defecto de Keeper es su sistema de cámaras, que alterna planos fijos con cámaras dinámicas que a veces resultan molestas, perdiéndose tras obstáculos o quedando en ángulos incómodos. Los controles también son funcionales pero algo torpes: el stick izquierdo mueve el faro y el derecho orienta el haz de luz. La combinación de movimiento pesado, cámara imprecisa y 30 fps bloqueados complica ciertos tramos, convirtiendo el desplazamiento en un pequeño desafío. El juego propone acertijos sencillos basados en la luz del faro para activar mecanismos o abrir caminos. No son complejos, sino que buscan variar el ritmo de la exploración. Aun así, Keeper reserva sorpresas y mecánicas inesperadas que se disfrutan más sin revelarlas de antemano.
Keeper también es un ejemplo perfecto del valor de servicios como Xbox Game Pass, que permiten que títulos creativos y atrevidos, que de otra forma podrían pasar desapercibidos en un mercado dominado por blockbusters, lleguen a los jugadores. Como con juegos como Pentiment o Grounded, Game Pass ofrece un ecosistema ideal para experiencias distintas que enriquecen el catálogo y aportan variedad al medio.
The Review
Keeper
Keeper es un juego que combina exploración, puzzles ligeros y una narrativa ambiental profunda. Su mayor virtud es la dirección artística: cada escenario es un deleite visual y sonoro, mientras que la relación entre el faro y Ramoscello genera momentos de ternura y conexión. Aunque la jugabilidad puede resultar rígida y la cámara frustrante en ocasiones, la experiencia general es gratificante.
