Painkiller regresa desde las llamas del Purgatorio para ofrecer un cóctel de sangre, demonios y destrucción frenética con un reboot que mira más a los curiosos que a los nostálgicos. En esta nueva entrega, asumimos el papel de un alma condenada, a la que se le brinda la oportunidad de redimirse eliminando las hordas del caído Azazel y evitando la invasión de la Tierra. La historia es sencilla y secundaria, dejando todo el protagonismo a la acción pura, que es donde el juego realmente brilla. El corazón de Painkiller sigue siendo el mismo: moverse, disparar, sobrevivir. Sin embargo, el reboot incorpora mecánicas modernas que potencian la movilidad y la verticalidad, convirtiendo cada arena en un campo de batalla tridimensional. El uso del gancho para engancharse al entorno, junto con dashing, rebotes en paredes y deslizamientos, transforma el ritmo en algo casi frenético.

La campaña principal se divide en nueve misiones repartidas en tres biomas distintos, cada una culminando en enfrentamientos con jefes colosales conocidos como Nephilim. Entre combates, recolectamos oro y almas antiguas para desbloquear nuevas armas, variantes y cartas de tarot que permiten personalizar nuestro estilo, ya sea ofensivo, defensivo o utilitario. Este sistema aporta variedad y profundidad a cada partida. Cuatro personajes jugables ofrecen estilos distintos, desde regeneración rápida de energía hasta mayor capacidad de munición o daño. Estas diferencias, sumadas a las cartas y a las variantes de armas, invitan a experimentar y se potencian en la modalidad cooperativa para hasta tres jugadores, donde las sinergias elementales y las cadenas de ataque multiplican la diversión. No obstante, los bots en partidas offline o de relleno online pueden resultar poco confiables.





El arsenal es variado y creativo. Armas icónicas como el Stake Gun y el Electro Driver regresan con modos de disparo duales y efectos elementales, desde granadas incendiarias hasta proyectiles gravitacionales que lanzan enemigos a su antojo. La icónica hoja Painkiller sigue siendo la herramienta perfecta para triturar demonios en un festín sangriento, mientras que el feedback de las armas y el impacto de los disparos ofrecen momentos satisfactorios, aunque no siempre constantes. Una segunda modalidad, Rogue Angel, introduce un enfoque más experimental: siete arenas generadas aleatoriamente con mecánicas roguelike, donde cada partida reinicia la progresión. Esta opción rompe la linealidad de los raids y aumenta la rejugabilidad, mostrando la intención de la desarrolladora de explorar un modelo más contemporáneo, sin depender únicamente de la nostalgia.

Visualmente, el juego ofrece momentos impactantes con ambientes góticos y catedrales que transmiten la atmósfera de condena y horror, aunque la calidad de texturas y efectos de iluminación resulta irregular. En contraste, la banda sonora, con su industrial contundente y rugidos infernales, mantiene un ritmo implacable que acompaña perfectamente la acción.
The Review
Painkiller
A pesar de sus fallos y de la limitada cantidad de niveles, enemigos y armas, Painkiller conserva algo auténtico: la exageración, la violencia desmedida y la catarsis inmediata de la acción sin pensar demasiado. No es la resurrección perfecta que los veteranos podrían esperar, pero sí un retorno lo suficientemente ruidoso como para captar la atención de nuevos jugadores o de quienes buscan un FPS cooperativo directo y visceral. Sin embargo, para destacar de verdad en el género, todavía necesitaría más contenido y variedad.
