Death Howl combina la estructura de un deckbuilder con una filosofía claramente inspirada en los Souls-like para contar la historia de Ro, una cazadora que se adentra en el reino de los espíritus con la esperanza de recuperar a su hijo fallecido. A lo largo de este viaje, la exploración y los combates por turnos se apoyan en un sistema de cartas que crece poco a poco, permitiendo crear nuevas habilidades a partir de materiales y de los llamados “aullidos fúnebres”, recursos que también sirven para desbloquear mejoras permanentes.

El combate es estratégico y exigente desde el inicio, con enemigos que castigan cualquier error y obligan a dominar tanto el uso del mazo como el posicionamiento en el reducido campo de batalla. A esto se suma una estructura punitiva: morir implica regresar a un punto de ritual que revive a los enemigos, lo que puede convertir el avance en un ciclo repetitivo de combates y farmeo. Aunque el sistema ofrece más de 160 cartas y totems que añaden profundidad táctica, el ritmo se ve lastrado por un equilibrio de dificultad muy agresivo y por la ausencia de opciones para ajustarla, lo que limita el acceso a quienes solo quieren disfrutar de la historia.




En el apartado artístico, Death Howl destaca con una cuidada pixel art, escenarios bien trabajados y un diseño de criaturas coherente con su tono melancólico. Sin embargo, la falta de explicaciones claras y una progresión poco gratificante terminan pesando demasiado. En conjunto, se trata de una propuesta atractiva para jugadores muy pacientes y aficionados a los retos duros, pero que desaprovecha parte de su potencial narrativo por una dificultad mal medida y una experiencia innecesariamente frustrante.
The Review
Death Howl
Death Howl es una propuesta tan atractiva en lo conceptual como frustrante en su ejecución. Su mezcla de deckbuilder con estructura tipo Souls-like, acompañada de una historia cargada de duelo y una pixel art muy cuidada, tiene el potencial de dejar huella. Sin embargo, una dificultad excesivamente punitiva, un ritmo demasiado lento y la falta de explicaciones claras terminan por eclipsar sus virtudes. Es un título pensado para jugadores muy pacientes y amantes del desafío constante, pero quienes busquen disfrutar de su narrativa sin caer en un ciclo de repetición y desgaste probablemente se queden a medio camino. Una experiencia con identidad y ambición, aunque lastrada por decisiones de diseño que limitan seriamente su disfrute.
