Este segundo remake de Dragon Quest 7 adopta una estética inspirada en los Zelda modernos sin renunciar a su esencia de JRPG clásico. La historia se mantiene intacta: encarnamos a un joven héroe que, junto a sus amigos Kiefer y Maribel, descubre que su reino no es una sola isla, sino un vasto archipiélago perdido en el tiempo. A través de antiguas tablillas de piedra, el grupo viaja entre pasado y presente para reconstruir el mundo y enfrentarse al Rey Demonio. El argumento sigue los esquemas tradicionales del género, sin grandes sorpresas narrativas, pero logra sostenerse gracias al encanto de sus personajes y a la estructura episódica de cada isla.

El mayor cambio está en lo visual. Los personajes con diseño de Akira Toriyama ahora parecen figuras de diorama, y los escenarios recuerdan al estilo de Link’s Awakening. La exploración es libre dentro de áreas delimitadas, aunque el progreso sigue siendo lineal y depende de ir desbloqueando nuevas islas mediante las tablillas. Este sistema refuerza la sensación de viaje en el tiempo, ya que cada zona salvada en el pasado reaparece en el presente con consecuencias visibles.

En cuanto al ritmo, el juego mejora notablemente respecto al original. La introducción de personajes y mecánicas es más rápida y se han recortado secciones excesivamente lentas. Sin embargo, el reciclaje de modelos de NPC resulta evidente: muchos personajes comparten el mismo aspecto y diálogos, lo que resta variedad y personalidad a las distintas regiones. También se echa en falta que los cambios de equipamiento se reflejen visualmente más allá de las armas.

El sistema de combate conserva su estructura clásica por turnos, pero introduce mejoras importantes con el sistema de Vocaciones dobles, que permite combinar profesiones y habilidades, ampliando las opciones estratégicas. Esto incentiva la experimentación con distintas configuraciones del grupo. No obstante, el equilibrio no es perfecto: algunas habilidades y objetos demasiado poderosos se obtienen muy pronto, lo que reduce el desafío durante buena parte de la aventura.

Los encuentros con enemigos ahora son visibles en el mapa y pueden evitarse o iniciarse manualmente. Además, si el nivel del grupo es superior, ciertos rivales pueden eliminarse directamente sin entrar en combate, lo que agiliza la progresión y facilita el farmeo de experiencia y recursos. Esta decisión hace al juego más accesible, aunque también puede volverlo demasiado indulgente para jugadores veteranos.
En duración, el remake es considerablemente más corto que el original, rondando las 60 horas para una experiencia casi completa, frente a las más de 100 que podía alcanzar la versión clásica. Aun así, la repetición y cierta monotonía aparecen tras varias decenas de horas, ya que la estructura narrativa se mantiene muy fiel a los JRPG de los años 80 y 90. El contenido extra, como tablillas especiales, zonas secretas y combates avanzados en la arena, ofrece un incentivo adicional para quienes buscan un reto mayor.
The Review
Dragon Quest 7 Reimagined
Dragon Quest 7 Reimagined es una versión más accesible y estilizada de un JRPG profundamente tradicional. Mejora el ritmo y moderniza su presentación, pero no rompe con las bases de la saga. Es una propuesta ideal para los fans de siempre y para quienes disfrutan de los juegos de rol clásicos, aunque difícilmente convencerá a quienes nunca han conectado con la estructura conservadora de la serie.
