The Sinking City 2 no es una continuación directa de la primera entrega, sino una reinterpretación que abandona su estructura de mundo abierto detectivesco para apostar por el survival horror. En esta ocasión seguimos a Calvin Rafferty, un investigador de lo oculto que busca despertar a Faye, su pareja, después de que un ritual salga terriblemente mal. La historia nos lleva hasta una versión alternativa de Arkham, ahora inundada y plagada de criaturas capaces de apoderarse de cuerpos humanos. Aunque la premisa funciona y la relación entre Calvin y Faye termina siendo uno de los principales motores de la aventura, el conflicto relacionado con los dioses lovecraftianos resulta menos interesante que en el juego original.

La historia tiene además un curioso contraste entre el tono que pretende manejar y algunos de sus problemas técnicos. The Sinking City 2 quiere ser un survival horror serio y perturbador, pero sus animaciones y actuaciones pueden provocar más de una sonrisa involuntaria. Calvin tiene expresiones faciales bastante extrañas y algunos diálogos carecen de la intensidad necesaria para transmitir determinados momentos. Es evidente que Frogwares no contó con un presupuesto enorme y eso termina siendo especialmente visible en las escenas narrativas. Paradójicamente, algunos personajes secundarios consiguen transmitir mucho más que el protagonista, algo que termina rompiendo parte de la atmósfera. En cuanto a jugabilidad, el cambio respecto a la primera entrega es evidente. Aquí Frogwares abandona buena parte de la investigación detectivesca para acercarse claramente a Resident Evil, con escenarios relativamente cerrados, recursos limitados, inventario reducido, exploración, puzles y enfrentamientos contra criaturas.

La estructura funciona bastante bien porque los escenarios están diseñados para incentivar la exploración. Encontrar una habitación escondida, conseguir unas pocas balas o descubrir un objeto que permite continuar avanzando genera esa satisfacción característica del survival horror clásico. El problema aparece cuando llega el momento de combatir. El tiroteo es, probablemente, uno de los puntos más débiles del juego. Las armas no resultan especialmente satisfactorias, los enemigos pueden absorber demasiada munición y la cámara y las colisiones hacen que esquivar ataques sea innecesariamente complicado. El sistema de esquiva tampoco termina de funcionar correctamente y algunos enemigos pueden derribarnos con ataques difíciles de evitar. Esto genera una sensación bastante incómoda, especialmente cuando el juego coloca grupos de enemigos en zonas donde parece más práctico enfrentarlos que intentar evitarlos.

El combate cuerpo a cuerpo tampoco consigue solucionar el problema. Podemos golpear a determinados enemigos o pisar a criaturas que han quedado aturdidas, pero estas acciones se sienten lentas y poco precisas. Incluso algunas situaciones que deberían permitirnos interactuar con el escenario de forma más inteligente terminan estando completamente condicionadas por eventos programados. Las mejoras de armas y habilidades especiales ayudan a mejorar progresivamente a Calvin, pero no consiguen solucionar del todo los problemas fundamentales del sistema de combate. Donde The Sinking City 2 sí consigue destacar es en la exploración y los puzles. Las investigaciones permiten encontrar documentos y pistas que posteriormente podemos relacionar en una especie de tablero de investigación. No estamos ante acertijos extremadamente complicados, pero sí existe una satisfacción genuina al conectar correctamente las pistas y descubrir la solución por nuestra cuenta. Además, resolver estos misterios puede recompensarnos con objetos, mejoras y elementos de historia. Es una lástima que esta faceta tenga un protagonismo mucho menor que en la primera entrega, porque precisamente aquí es donde el juego consigue diferenciarse de otros survival horror.

La ambientación lovecraftiana es otro de sus grandes aciertos. Hospitales abandonados, mercados, bibliotecas y otras localizaciones consiguen transmitir esa sensación de estar explorando un lugar que no debería existir. El diseño de las criaturas también resulta interesante y algunas secuencias tienen imágenes bastante perturbadoras. La iluminación y determinados efectos visuales ayudan a construir una atmósfera muy conseguida. Cuando todos estos elementos funcionan al mismo tiempo, The Sinking City 2 puede resultar realmente inquietante. Sin embargo, técnicamente el juego tiene varios problemas que afectan directamente a la experiencia. Las animaciones pueden sentirse rígidas, algunos efectos visuales presentan fallos y el pelo de los personajes es especialmente extraño en determinadas escenas. También existen problemas con el sonido: algunos enemigos o efectos importantes pueden escucharse demasiado bajo o directamente desaparecer, algo especialmente perjudicial en un juego que depende tanto de la ambientación sonora para generar tensión. El resultado es una presentación irregular que por momentos luce muy bien y en otros recuerda que estamos ante una producción con recursos bastante más limitados que los grandes referentes del género.
A pesar de todo, hay algo que The Sinking City 2 hace bastante bien: entiende qué hace divertido a un survival horror. Administrar recursos, explorar cada habitación, encontrar una pequeña cantidad de munición, resolver un acertijo y continuar avanzando con la sensación de que quizá no tendremos suficientes recursos para la siguiente zona funciona. Incluso el New Game+ aporta un incentivo interesante para regresar con nuevas posibilidades, como munición infinita, trajes y diferentes modificadores. Es una experiencia que, aunque no reinventa el género, sabe aprovechar muchas de sus fórmulas clásicas.
The Review
The Sinking City 2
The Sinking City 2 es un survival horror competente, pero también demasiado conservador. Frogwares ha conseguido construir una aventura con una buena ambientación lovecraftiana, escenarios interesantes, exploración satisfactoria y una relación entre Calvin y Faye que funciona como principal motor narrativo. Sin embargo, el combate resulta poco satisfactorio, los problemas técnicos afectan a la inmersión y el abandono de la investigación como elemento central hace que pierda parte de la personalidad que tenía su predecesor.
