La guerra vuelve a llamar a nuestra puerta con Call of Duty: Modern Warfare 4, una nueva entrega que busca recuperar aquello que ha mantenido viva a la franquicia durante tantos años. A primera vista, podría parecer otro lanzamiento anual con los ingredientes habituales: una campaña cinematográfica, un multijugador competitivo y una experiencia adicional para quienes buscan algo diferente. Sin embargo, Infinity Ward apuesta por algo más concreto: refinar las bases de la serie y devolverle protagonismo a los enfrentamientos, después de una entrega anterior que llevó el movimiento a terrenos más exagerados. El resultado reúne tres experiencias distintas, cada una con sus propios aciertos y limitaciones, pero con una intención común: recordar por qué seguimos regresando a Call of Duty.

La campaña presenta dos historias que se desarrollan en paralelo. Por un lado, conocemos a Park Hyun Jun, un marine surcoreano que se ve atrapado en una invasión de Corea del Norte y debe luchar por sobrevivir junto a sus compañeros. Por otro, el capitán Price continúa persiguiendo los fantasmas de un conflicto que parece no terminar nunca. A lo largo de dieciséis misiones, ambas narrativas nos llevan por distintos escenarios, desde Corea hasta ciudades como Nueva York y París. Aunque Price y Ghost conservan el carisma que los caracteriza, lo más interesante está en los nuevos soldados: personajes vulnerables que dudan, cometen errores y dependen unos de otros para salir adelante. Esta perspectiva consigue que la guerra se sienta más cercana, pues no acompañamos a otro héroe invencible, sino a personas que realmente podrían no sobrevivir.

En el apartado jugable, la campaña recupera el espectáculo cinematográfico que convirtió a la franquicia en un referente. Las secuencias de combate están acompañadas de explosiones, enfrentamientos desesperados y operaciones de gran escala que mantienen un ritmo intenso durante sus aproximadamente seis horas de duración. También hay momentos de combate cuerpo a cuerpo y situaciones en las que nuestras decisiones permiten cierta libertad para abordar los objetivos. No obstante, esa iniciativa no siempre está bien resuelta: alejarnos demasiado de la ruta prevista o adelantarnos a determinadas acciones puede provocar que regresemos al último punto de control. La inteligencia artificial tampoco destaca demasiado, pues suele apoyarse más en la cantidad de enemigos que en estrategias elaboradas. A esto se suma una narrativa irregular: la historia de los soldados surcoreanos resulta más convincente, mientras que la trama de los veteranos intenta cerrar demasiados asuntos pendientes en poco tiempo. Price mantiene su presencia, pero algunos personajes secundarios y el antagonista necesitaban un desarrollo mayor.

El multijugador vuelve a ser uno de los grandes pilares de la experiencia, y esta vez Infinity Ward prefiere recuperar el peso de los enfrentamientos en lugar de llevar el movimiento a extremos. El Omnimovement pierde protagonismo y la carrera táctica adquiere un carácter más especializado, aunque siguen existiendo opciones para desplazarnos con agilidad, modificar la dirección durante un salto, interrumpir un movimiento o terminar un deslizamiento disparando desde el suelo. Incluso ciertos elementos del escenario pueden aprovecharse como rutas alternativas. El manejo de las armas sigue una filosofía similar mediante Ballistic Authority, un sistema que busca ofrecer mayor consistencia entre precisión, retroceso y respuesta de los disparos. La intención es que los enfrentamientos resulten más comprensibles y que perder un duelo no parezca consecuencia de un comportamiento impredecible del armamento. Aun así, el equilibrio entre armas y estilos de juego necesitará tiempo para demostrar su verdadero potencial.

Entre las novedades destaca Kill Block, una propuesta que funciona como un campo de entrenamiento cambiante para enfrentamientos de tres contra tres y diez contra diez. Sus escenarios, coberturas y conexiones se modifican cada dos rondas, mientras que todos los participantes reciben equipamientos aleatorios idénticos y disponen de una sola vida. Es una idea que favorece la improvisación y permite experimentar con armas que normalmente quedarían relegadas. También llegan modos como Inflation, donde eliminar enemigos permite conseguir dinero, aunque acumular demasiado nos convierte en un objetivo visible para los demás; Hijack, que propone transportar y colocar un dispositivo en territorio rival; y Collateral, que incorpora una economía interna en la que perder una ronda también significa arriesgar el equipamiento. Para quienes prefieren enfrentamientos multitudinarios, Combat Outpost ofrece combates de treinta y dos contra treinta y dos con vehículos, refuerzos y puntos de reaparición vinculados al control de los puestos avanzados. Frontline, por su parte, obliga a empujar el frente enemigo desde la base del equipo. Todo esto se complementa con los modos clásicos, un arsenal de treinta y tres armas y dos variantes de Prestigio que permiten elegir entre reiniciar los desbloqueos o conservar las clases.

DMZ es posiblemente la incorporación que más personalidad aporta al conjunto. Esta modalidad de extracción nos lleva a Hajin, un territorio extenso en el que debemos cumplir objetivos, conseguir recursos y escapar antes de perder lo que llevamos encima. Podemos entrar en solitario o acompañados por otros dos jugadores, mientras nos enfrentamos a patrullas controladas por la inteligencia artificial, operadores rivales y condiciones climáticas cambiantes. La tensión está en decidir cuánto tiempo permanecer en una expedición: siempre existe la tentación de explorar un edificio más o buscar un objeto de mayor valor, incluso cuando ya tenemos suficiente para justificar la extracción. El sistema también castiga a quienes persiguen constantemente a otros operadores, pues acumular eliminaciones puede convertirnos en un objetivo especialmente atractivo. Para evitar que cada derrota se convierta en una experiencia demasiado frustrante, parte del dinero y ciertos avances se conservan, mientras que la recuperación de recursos resulta menos exigente que en otras propuestas del género.
La Base Operativa Avanzada termina de dar sentido a las expediciones, convirtiéndose en el lugar donde podemos administrar los recursos obtenidos, mejorar instalaciones, adquirir objetos y utilizar una impresora 3D para fabricar equipamiento. Cada incursión contribuye a preparar la siguiente, mientras desarrollamos operadores, desbloqueamos recetas y avanzamos por una progresión propia de setenta niveles. Además, la experiencia y el avance de las armas se comparten con el multijugador, lo que permite que ambas modalidades se complementen. Hajin también ofrece misiones narrativas, encargos dinámicos, instalaciones que sabotear y facciones a las que enfrentarnos, aunque después de varias partidas algunas actividades pueden empezar a sentirse repetitivas.
The Review
Call of Duty: Modern Warfare 4
Call of Duty: Modern Warfare 4 no necesita reinventar la franquicia para recuperar su atractivo. La campaña vuelve a encontrar fuerza en una perspectiva más humana del conflicto, aunque su duración y algunos problemas narrativos impiden que alcance todo su potencial. El multijugador ofrece una propuesta amplia y recupera enfrentamientos más controlados, con novedades que aportan variedad sin abandonar las modalidades tradicionales. DMZ, por su parte, demuestra ser mucho más que un añadido experimental, gracias a un sistema de extracción accesible, una base que recompensa la exploración y situaciones capaces de generar momentos memorables.
