Con el paso del tiempo, Donkey Kong ha dejado de ser aquel rudo rival de Mario para convertirse en una figura mucho más amigable dentro del universo Nintendo. Sin embargo, en Donkey Kong Bananza, el icónico gorila demuestra que la simpatía no está reñida con la fuerza bruta. Porque cuando una corporación malvada roba su preciado tesoro de plátanos dorados, DK no duda en lanzarse a una épica aventura subterránea que combina exploración, combate, plataformas y hasta música en una experiencia sorprendentemente fresca.

La historia arranca en Ingot Isle, donde Donkey y su equipo investigan un misterioso material llamado Banandium. Pero todo se tuerce cuando VoidCo, una empresa de dudosas intenciones, irrumpe en la isla con una roca gigante, roba las gemas de Banandium y sepulta el lugar en las profundidades de la tierra. Con los plátanos perdidos y la isla atrapada bajo toneladas de roca, DK inicia una travesía hacia el núcleo del planeta, acompañado por Paulina, una joven de 13 años con un papel fundamental en la narrativa. Lo que empieza como una misión de rescate se convierte en un viaje personal lleno de misterios, desafíos y evolución. La estructura del juego se basa en ir superando capas o «niveles subterráneos», ayudando a los habitantes locales (literalmente rocas con rostro) y desbloqueando nuevas zonas tras destruir las barreras colocadas por VoidCo. Cada mundo presenta una ambientación única: junglas, volcanes, costas, zonas nevadas e incluso paisajes diamantinos que rompen con la monotonía típica de escenarios cavernosos. A veces se incorporan minijuegos o retos en 2D que evocan a los clásicos de la franquicia, con cañones, plataformas móviles y barriles explosivos.

La jugabilidad gira en torno a la destrucción y la excavación. Donkey Kong puede arrancar rocas del suelo, construir puentes improvisados o surfear sobre pedruscos. Puede cavar túneles, detectar tesoros ocultos golpeando el suelo y volver a niveles anteriores para desbloquear zonas inaccesibles con nuevas habilidades. Este sistema convierte a Bananza en una especie de metroidvania invertido, donde en lugar de explorar hacia afuera, se excava hacia adentro. Uno de los mayores aciertos del juego es cómo amplía las capacidades del protagonista. A lo largo de la campaña, DK va desbloqueando transformaciones especiales que se activan con antiguos poderes del Banandium: una forma colosal para destruir estructuras, una cebra ágil para correr por terrenos inestables y un avestruz que lanza huevos explosivos desde el aire. Estas formas no solo enriquecen el combate y la exploración, sino que se integran narrativamente en la historia. El sistema de combate también destaca por su creatividad. Aunque la fuerza bruta es útil, muchos enemigos requieren ingenio para ser derrotados: atacarlos desde ángulos específicos, aprovechar el terreno o transformarlos con elementos ambientales como la luz. Los jefes, entre ellos versiones oscuras de personajes como Void Kong o Grumpy Kong, ofrecen combates variados y visualmente espectaculares.

La música juega un rol sorprendentemente importante. Paulina, con su canto, puede abrir rutas bloqueadas o indicar el camino en escenarios verticales y laberínticos. Algunas secuencias incluso se desarrollan como auténticos números musicales. Este enfoque añade una capa emocional y artística inesperada, reforzando la relación entre los personajes y el entorno. Además, el juego incluye una curiosa modalidad artística llamada DK Artist, donde los jugadores pueden esculpir y pintar rocas utilizando los Joy-Con como herramientas. También hay elementos cosméticos (ropa, colores de pelaje) que otorgan mejoras pasivas y fomentan la personalización. Existe un modo cooperativo algo caótico donde un segundo jugador controla a Paulina, disparando desde los hombros de DK. Aunque puede facilitar demasiado el juego si no se equilibra bien, funciona mejor con jugadores experimentados. Hay opciones como Assist Mode para quienes buscan una experiencia más accesible.

Visualmente, el juego aprovecha al máximo el hardware de Switch 2. Los escenarios son ricos en detalles y en gran parte destructibles. Aunque en momentos puntuales se notan caídas de rendimiento, la experiencia general es estable y fluida. Nintendo ha sabido actualizar la fórmula sin perder la esencia clásica: hay homenajes a personajes antiguos, secuencias en vagonetas, lianas eléctricas y hasta desafíos de plataformas que recuerdan a los orígenes de DK.
The Review
Donkey Kong Bananza
Donkey Kong Bananza no solo revitaliza una de las sagas más queridas de Nintendo, sino que lo hace con una propuesta sólida, creativa y con identidad propia. Es una aventura tridimensional llena de carisma, exploración significativa, combates dinámicos y un apartado artístico que sorprende tanto por su dirección visual como por su integración musical. Aunque no es la entrega más desafiante ni la más ortodoxa, sí es una de las más originales que ha tenido el gorila en años. Una carta de amor a la destrucción, la exploración y la diversión en estado puro.
