John Carpenter’s Toxic Commando propone una nueva variante dentro del ya conocido escenario de los apocalipsis infestados de no muertos. En esta ocasión, el desastre no surge únicamente de experimentos fallidos o infecciones incontrolables, sino de la liberación de una antigua entidad conocida como el Sludge God, una criatura de naturaleza viscosa que comienza a transformar el entorno en un paisaje contaminado y a convertir a los humanos en una grotesca variedad de muertos vivientes. Ante esta situación desesperada, la solución pasa por enviar a un pequeño escuadrón de especialistas con la misión de limpiar el terreno y contener la amenaza antes de que la situación se vuelva completamente irreversible.

La propuesta jugable gira en torno a un cooperativo para hasta cuatro jugadores, donde cada integrante del equipo adopta un rol distinto que recuerda a los arquetipos clásicos de los juegos de rol. Hay personajes orientados al apoyo y la curación, otros diseñados para absorber daño como auténticos tanques, especialistas en reparar y aprovechar vehículos, y combatientes centrados en infligir la mayor cantidad de daño posible. Aunque el diseño está claramente pensado para el juego en equipo, también es posible afrontar la aventura en solitario acompañado por aliados controlados por inteligencia artificial. Sorprendentemente, estos compañeros virtuales suelen desenvolverse con bastante eficacia incluso sin recibir órdenes directas, lo que permite que el ritmo de las misiones se mantenga dinámico sin depender constantemente de la coordinación del jugador.

La verdadera esencia del juego, sin embargo, está en la enorme cantidad de enemigos que aparecen en pantalla. Las hordas de zombis se multiplican en prácticamente cualquier rincón del escenario, generando enfrentamientos que se transforman rápidamente en auténticas carnicerías. Individualmente los enemigos no suelen representar una amenaza demasiado seria, pero su abrumadora superioridad numérica obliga a mantenerse en constante movimiento y a utilizar todos los recursos disponibles. Solo algunas unidades especiales y los jefes logran romper esa dinámica al presentar patrones más peligrosos o mayor resistencia, aunque el espectáculo principal sigue siendo el enfrentamiento contra oleadas interminables de criaturas.

Las misiones siguen una estructura relativamente sencilla basada en alcanzar una serie de puntos clave dentro del mapa hasta llegar al objetivo final, donde normalmente espera el enfrentamiento más exigente. Sin embargo, limitarse a avanzar directamente por el camino marcado suele ser una mala estrategia. La exploración juega un papel importante, ya que desviarse de la ruta principal permite encontrar bases abandonadas, depósitos militares o zonas con suministros esenciales. Conseguir armas pesadas, munición, botiquines o granadas puede marcar la diferencia en la fase final de cada misión, donde la presión de los enemigos aumenta considerablemente.

Dentro de esta dinámica también adquieren protagonismo los vehículos, que funcionan tanto como herramienta de movilidad como arma improvisada contra las hordas. Desde camionetas hasta ambulancias o vehículos blindados, conducir a toda velocidad para abrirse paso entre los no muertos resulta tan efectivo como espectacular. No obstante, los vehículos requieren cierta gestión: los daños sufridos pueden repararse mediante pequeños minijuegos y el combustible debe encontrarse en estaciones de servicio repartidas por el escenario, que curiosamente casi siempre están infestadas de enemigos. Tras completar cada misión, los jugadores regresan a la base para invertir la moneda obtenida en mejoras para las armas, ajustes en las habilidades o elementos cosméticos que permiten personalizar a los personajes.

En términos de diseño, el juego no pretende reinventar el género. Sus personajes responden a estereotipos muy marcados, la historia sigue un desarrollo bastante predecible y muchas de sus mecánicas resultarán familiares para cualquiera que haya jugado anteriormente a títulos centrados en eliminar hordas de enemigos. Sin embargo, lo que realmente destaca es la forma en que todo esto se presenta. Las escenas en las que el jugador se encuentra rodeado de enemigos, especialmente en ambientes oscuros o bosques infestados, consiguen transmitir una sensación de presión constante. Además, la física aplicada a los enemigos contribuye a que cada enfrentamiento resulte visualmente impactante, con cuerpos que reaccionan de forma convincente a los disparos y explosiones.
The Review
John Carpenter's Toxic Commando
John Carpenter’s Toxic Commando se apoya en una fórmula conocida, pero logra mantenerla entretenida gracias a su ritmo frenético y al espectáculo que ofrecen sus enfrentamientos masivos. No es un título que destaque por su profundidad narrativa ni por introducir grandes innovaciones, pero sí consigue ofrecer sesiones de acción intensas y satisfactorias, tanto en cooperativo como en solitario. La repetición de misiones no se percibe como un problema grave, ya que el caos constante de las batallas y la progresión del equipo invitan a volver a intentarlo con nuevas estrategias y mejoras.