NINJA GAIDEN: Ragebound es una nueva entrega de desplazamiento lateral de la serie NINJA GAIDEN, del equipo de Blasphemous, que redefine la clásica saga plataformera en una aventura ninja espectacular, emocionante y desafiante. NINJA GAIDEN: Ragebound es un spin-off en 2D que recoge la esencia brutal y desafiante que ha caracterizado a la saga, pero la concentra en una experiencia más directa, vibrante y con un fuerte sabor a nostalgia. En esta nueva entrega no controlamos a Ryu Hayabusa, sino a su aprendiz, Kenji, quien se ve obligado a enfrentar una guerra entre humanos y demonios en ausencia de su mentor. Sin el respaldo del legendario ninja, Kenji deberá buscar una alianza impensada con Kumori, una peligrosa guerrera del clan Black Spider, para detener al Señor Demonio y evitar su llegada al mundo terrenal.

Ragebound conserva con orgullo la esencia de los plataformas de acción de la vieja escuela: niveles de dificultad creciente, secretos escondidos en cada rincón y una tienda comandada donde adquirir mejoras y recursos. La estructura es deliberadamente tradicional, pero con una presentación moderna y pulida que hace honor a cada píxel. El gameplay se siente ágil, preciso y contundente. Kenji no solo hereda los movimientos icónicos de la serie (como escalar paredes, correr por techos o lanzar kunais con letal precisión), sino que también incorpora novedades como marcos de invulnerabilidad y la posibilidad de recuperar el control en el aire tras recibir daño, dos mecánicas que suavizan la curva de dificultad sin sacrificar el ritmo.



A diferencia de los títulos clásicos, ahora hay puntos de control frecuentes y vidas infinitas, haciendo que la experiencia sea más accesible sin volverse trivial. Sin embargo, el espíritu de la serie se conserva: los jefes, especialmente el final, pueden sorprender con picos de dificultad inesperados que recuerdan al pasado más cruel de Ninja Gaiden. Una de las adiciones más interesantes es la aparición de Kumori, que no solo forma parte clave de la historia, sino que también influye directamente en el gameplay. En ciertos momentos, el jugador puede controlar a Kumori para explorar el mundo demoníaco, resolver puzles o desbloquear accesos ocultos en el mundo real. Además, sus habilidades potenciadas pueden ser canalizadas por Kenji, abriendo nuevas posibilidades de combate y exploración.

Entre las nuevas herramientas también destaca el salto que permite rebotar sobre enemigos o proyectiles para extender saltos y mantener la fluidez aérea. Y cuando la situación se complica, siempre queda el recurso de la Ipercarga, un modo de ataque devastador que se activa tras golpear enemigos marcados por auras especiales, combinando el poder de ambos protagonistas para desatar el caos. El juego puede completarse en unas cinco horas, aunque alcanzar el 100 % tomará bastante más. Al terminar la historia se desbloquea el modo difícil, nuevos atuendos y una segunda escena final si rejugamos el último nivel. Los niveles están diseñados con mucho detalle, incluyendo segmentos sobre una moto, un jet ski e incluso una secuencia en la barra de un helicóptero, lo que le da frescura a la acción.

Visualmente, Ragebound es un espectáculo. El juego eleva el arte del pixel a nuevos niveles. Las animaciones son impecables, los escenarios están llenos de detalles y la dirección artística logra transmitir cada detalle puesta en escenario. La variedad de ambientes es notable: desde templos tradicionales y montañas nevadas hasta bases militares, trenes en movimiento, zonas industriales y secuencias aéreas. La nostalgia está presente, pero nunca opaca la identidad propia del juego. El apartado sonoro no se queda atrás. La banda sonora captura a la perfección el espíritu de los Ninja Gaiden de antaño. Las melodías son vibrantes, llenas de tensión y emoción, mientras que los efectos sonoros refuerzan la inmersión en cada momento.
The Review
Ninja Gaiden Ragebound
NINJA GAIDEN: Ragebound es una carta de amor a los fans de la saga que combina lo mejor del combate clásico con nuevos protagonistas y mecánicas modernas. Su dificultad es alta, sí, pero esa misma exigencia es parte del atractivo. Un título desafiante, intenso y visualmente encantador que brilla como un digno homenaje en 2D a una franquicia legendaria. No es un juego perfecto, pero su capacidad de mezclar nostalgia con ideas frescas lo convierte en una experiencia sólida, intensa y gratificante tanto para veteranos como para nuevos jugadores.