GRIME II retoma la extraña y fascinante propuesta de su predecesor, colocando nuevamente al jugador en el rol de una entidad conocida como “el Sinforma”, una criatura capaz de absorber a sus enemigos y apropiarse de sus habilidades. Esta idea no solo define el sistema de combate, sino también la identidad general del juego, que se desarrolla en un mundo profundamente marcado por una estética artística que mezcla lo orgánico con lo abstracto, dando forma a un entorno tan inquietante como visualmente distintivo.

Desde el inicio, la narrativa se presenta de manera críptica y fragmentada. El protagonista aparece sin contexto claro en un universo que parece regirse por reglas propias, mientras que los encuentros con otros personajes, lejos de aclarar la situación, tienden a profundizar el misterio. No es sino hasta etapas avanzadas cuando las piezas comienzan a encajar, ofreciendo una comprensión más concreta de lo que está ocurriendo. Aun así, la historia no es el principal motor de interés; es el diseño del mundo y la personalidad de sus habitantes lo que realmente sostiene la experiencia. Incluso con un protagonista que se expresa únicamente a través de elecciones de diálogo, se percibe una identidad fuerte, marcada por una actitud decidida y confrontativa.

El mundo está poblado por una gran variedad de personajes con los que se puede interactuar extensamente, cada uno con su propio trasfondo y una voz bien definida. Esta riqueza en los diálogos contribuye a construir una sensación de diversidad cultural dentro del juego, donde cada zona parece pertenecer a una civilización distinta, con sus propias reglas, estética y filosofía. Todo esto se refuerza con una dirección artística que gira en torno a conceptos como la pintura, las formas humanas y la materia viva. Elementos como los puntos de guardado, representados por manos que emergen del entorno, o escenarios que parecen lienzos en constante transformación, consolidan una identidad visual muy marcada.

El apartado artístico es, sin duda, uno de los pilares más sólidos del juego. Cada bioma presenta una paleta de colores y una atmósfera propia, alternando entre zonas opresivas y sombrías y otras más luminosas que aportan contraste. Hacia el tramo final, algunas áreas destacan especialmente por su belleza, rompiendo con la oscuridad predominante de manera efectiva. Sin embargo, la música no siempre está a la altura de este despliegue visual. Aunque cumple con su función ambiental, rara vez deja una impresión duradera. En contraste, los efectos de sonido sí logran reforzar de manera convincente la sensación de impacto y materialidad en los combates. En lo jugable, GRIME II adopta una base claramente inspirada en los soulslike, con enfrentamientos que exigen paciencia, lectura de patrones y precisión. El ritmo es medido, pero cada error se paga caro.

Lo que realmente diferencia al juego es su sistema de absorción: al debilitar a un enemigo hasta cierto punto, es posible capturarlo y obtener una habilidad temporal basada en él. A medida que se repite este proceso con un mismo tipo de enemigo, esas habilidades pueden integrarse de forma permanente, lo que abre un amplio abanico de posibilidades estratégicas. Este sistema se complementa con recursos que se regeneran durante el combate, incentivando un estilo de juego dinámico y adaptable. Además del combate tradicional, se incorporan mecánicas como el agarre, que cumple una doble función tanto en la movilidad como en la ofensiva. Este sistema obliga a posicionarse correctamente y aprovechar momentos específicos de vulnerabilidad en los enemigos, añadiendo una capa adicional de complejidad.

La gestión de recursos también juega un papel importante: aunque no limita directamente las acciones, sí influye en la efectividad de los ataques, lo que obliga a mantener un equilibrio constante durante los enfrentamientos. El diseño de enemigos es variado, aunque no siempre consistente. Algunos recurren a ataques con tiempos de ejecución engañosos que dificultan su lectura, lo que puede resultar frustrante en los primeros encuentros. Esta dificultad se intensifica en espacios reducidos o cuando se enfrentan varios enemigos a la vez, donde la fragilidad del personaje se hace más evidente. Aun así, el juego ofrece herramientas para aprovechar el entorno a favor del jugador, permitiendo resolver situaciones de forma creativa.
La exploración sigue una estructura clásica del género, en la que nuevas habilidades desbloquean rutas previamente inaccesibles. El componente de plataformas evoluciona progresivamente, pasando de desafíos relativamente simples a secciones mucho más exigentes que requieren combinar múltiples habilidades. Este crecimiento gradual mantiene el interés y refuerza la sensación de progreso. En términos técnicos, el rendimiento general es estable, aunque no está exento de fallos. Algunos errores, como desplazamientos inesperados del personaje o indicadores poco precisos, pueden aparecer durante la partida, pero rara vez llegan a afectar de forma grave la experiencia.
The Review
GRIME 2
GRIME 2 ofrece una propuesta sólida que destaca por su identidad visual, sus sistemas únicos y una jugabilidad exigente que recompensa la experimentación. Aunque su narrativa tarda en tomar forma y ciertos aspectos podrían pulirse, logra consolidarse como una experiencia distintiva dentro de su género, especialmente para quienes buscan algo diferente dentro de las fórmulas habituales.
