The Adventures of Elliot: The Millennium Tales es un juego que deja muy claras sus influencias desde el primer minuto. Square Enix toma como punto de partida la fórmula clásica de los Zelda en 2D y la combina con varios elementos característicos de sus propios RPG, dando como resultado una aventura que apuesta por la exploración, la acción en tiempo real y una historia que va ganando fuerza conforme avanzan las horas. Aunque en algunos momentos le cuesta desprenderse de las sombras de sus referentes más evidentes, consigue ofrecer una experiencia muy entretenida gracias a un sólido sistema de progresión y a un mundo lleno de secretos por descubrir.

La historia nos traslada al reino de Huther, uno de los últimos bastiones de la humanidad en un continente asolado por criaturas conocidas como los Hombres-Bestia. Cuando una misteriosa amenaza pone en peligro la estabilidad del reino y la vida de la princesa Heuria, Elliot emprende un viaje que lo llevará a recorrer distintas eras de la historia con el objetivo de encontrar una solución antes de que sea demasiado tarde. La premisa puede parecer familiar dentro del género, pero el uso de los viajes temporales consigue aportar suficiente personalidad para mantener el interés durante gran parte de la aventura. Uno de los elementos más interesantes de la narrativa es precisamente la posibilidad de visitar varias épocas distintas. El mundo mantiene una estructura geográfica reconocible, pero cada período presenta cambios importantes en ciudades, mazmorras y localizaciones clave. Ver cómo un pequeño asentamiento evoluciona hasta convertirse en una fortaleza o descubrir cómo determinados acontecimientos transforman una región concreta ayuda a reforzar la sensación de estar participando en una historia que abarca generaciones enteras.

El sistema temporal también se utiliza para ocultar secretos y diseñar algunos de los momentos más interesantes de la exploración. Existen lugares inaccesibles en una época que pueden visitarse siglos después, caminos bloqueados que desaparecen con el paso del tiempo y tesoros que requieren observar cuidadosamente la evolución del entorno para poder encontrarlos. Aunque esta mecánica no siempre alcanza todo su potencial, sí aporta variedad y genera una agradable sensación de descubrimiento constante. La exploración es, de hecho, uno de los grandes pilares del juego. El mundo está repleto de mazmorras, santuarios, secretos ocultos y misiones secundarias que recompensan la curiosidad. Los seguidores de las aventuras clásicas encontrarán rápidamente muchas similitudes con los grandes referentes del género, desde la estructura de los escenarios hasta la forma en que se obtienen nuevas herramientas que permiten acceder a zonas previamente bloqueadas.

En combate, Elliot dispone de un arsenal bastante variado. A medida que avanza la aventura obtiene nuevas armas que amplían considerablemente las posibilidades tácticas. Espadas, lanzas, arcos, martillos, boomeranes y explosivos ofrecen estilos de juego distintos y permiten afrontar los enfrentamientos de diferentes maneras. La posibilidad de equipar varias armas y alternar entre ellas rápidamente favorece la experimentación y ayuda a que los combates mantengan cierto dinamismo durante buena parte de la aventura. Sin embargo, el sistema alcanza una dimensión mucho más interesante gracias a las Magilitas. Estos cristales especiales permiten modificar las propiedades de las armas mediante efectos pasivos y mejoras únicas. Algunas aumentan el daño, otras alteran el comportamiento de habilidades concretas y otras añaden efectos mucho más creativos. La libertad que ofrece este sistema permite construir configuraciones muy distintas y adaptar el estilo de juego a las preferencias de cada jugador.

La personalización se convierte así en uno de los apartados más satisfactorios de la experiencia. Encontrar nuevas combinaciones, mejorar el equipo y descubrir sinergias entre habilidades genera una sensación constante de progresión. Además, el juego incentiva la exploración mediante recompensas que suelen tener un impacto real en el desarrollo del personaje. Junto a Elliot destaca la presencia de Faie, una pequeña hada que lo acompaña durante prácticamente toda la aventura. Más allá de su papel narrativo, Faie desempeña una función esencial dentro de la jugabilidad. A medida que obtiene nuevos poderes, permite acceder a zonas inaccesibles, resolver puzles y ampliar las posibilidades de combate. Algunos de sus poderes resultan especialmente útiles y terminan convirtiéndose en herramientas fundamentales tanto para la exploración como para los enfrentamientos más exigentes. La relación entre ambos personajes ayuda además a dar algo más de personalidad a una historia que, durante sus primeras horas, puede parecer relativamente convencional.

Aunque Faie tiene una tendencia considerable a comentar todo lo que sucede a su alrededor, sus intervenciones ayudan a evitar que la aventura resulte demasiado solitaria y aportan contexto adicional a muchos acontecimientos importantes. Narrativamente, la historia tarda en mostrar sus mejores cartas. Los primeros compases se apoyan en una estructura bastante clásica y previsible, pero conforme avanzamos aparecen revelaciones mucho más interesantes relacionadas con el pasado del mundo y los acontecimientos que han moldeado la historia de Philabieldia. Especialmente durante la recta final, la trama gana fuerza y presenta algunas de las situaciones más memorables de toda la aventura. También merece reconocimiento la forma en que ciertas misiones secundarias complementan la narrativa principal. Aunque su estructura suele ser sencilla, muchas de ellas esconden información relevante sobre personajes, acontecimientos históricos o detalles importantes del mundo. Esto hace que explorar y completar contenido opcional resulte más gratificante de lo habitual.

Visualmente, el juego aprovecha muy bien la tecnología HD-2D para construir escenarios atractivos y llenos de color. Las distintas épocas presentan suficientes diferencias para mantener el interés visual durante gran parte de la aventura, mientras que la dirección artística consigue transmitir una sensación constante de fantasía clásica. El resultado es un mundo agradable de recorrer y con una identidad visual fácilmente reconocible. No obstante, el juego también presenta algunos problemas importantes. El más evidente es la repetición. Aunque visitar diferentes épocas resulta una idea interesante, muchas zonas terminan siendo demasiado similares entre sí. El jugador recorre una y otra vez los mismos lugares con cambios relativamente limitados, lo que termina reduciendo parte de la sensación de descubrimiento que la premisa promete inicialmente.
La falta de variedad en los enemigos también afecta a la experiencia. A pesar de la amplitud del viaje temporal, gran parte del bestiario se repite constantemente mediante pequeñas modificaciones visuales o cambios menores en sus habilidades. Esta escasez de nuevas amenazas provoca que los combates pierdan parte de su capacidad para sorprender conforme avanzan las horas. Algo parecido ocurre con el propio sistema de combate. Aunque ofrece numerosas herramientas y opciones de personalización, el juego rara vez obliga al jugador a aprovecharlas todas. Es relativamente fácil encontrar algunas estrategias especialmente eficaces y utilizarlas durante gran parte de la aventura sin necesidad de experimentar demasiado. Los jefes consiguen evitar parcialmente este problema gracias a un diseño más trabajado, pero la sensación de que ciertas mecánicas están infrautilizadas aparece con frecuencia.
The Review
The Adventures of Elliot: The Millennium Tales
The Adventures of Elliot: The Millennium Tales consigue destacar como una aventura muy disfrutable para los aficionados a los action RPG clásicos. Su mezcla de exploración, progresión, viajes temporales y personalización ofrece suficientes incentivos para mantener el interés durante más de treinta horas, especialmente cuando la historia comienza a revelar sus aspectos más interesantes. Puede que no logre escapar completamente de la influencia de sus referentes ni aprovechar todo el potencial de algunas de sus mejores ideas, pero sigue siendo una combinación muy atractiva entre el espíritu aventurero de los grandes clásicos y la narrativa característica de Square Enix.
